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Autismo y epilepsia: ¿por qué la superposición?

La condición del espectro autista y la epilepsia ocurren juntas con más frecuencia de lo que esperaríamos por azar. Esta guía explica, en términos accesibles, lo que sabemos —y lo que todavía no sabemos— sobre por qué sucede.

Dos condiciones distintas

El autismo es una condición del neurodesarrollo: una forma diferente en que el cerebro se desarrolla y procesa la información, que se expresa en la comunicación y la interacción social, en intereses y conductas repetitivas o muy focalizadas, y a menudo en una forma particular de percibir los estímulos sensoriales. La epilepsia, en cambio, es una enfermedad del cerebro caracterizada por la tendencia a tener crisis epilépticas recurrentes (puedes leer más en ¿Qué es la epilepsia?).

Son condiciones distintas: la mayoría de las personas autistas no tiene epilepsia, y la mayoría de las personas con epilepsia no es autista. Pero cuando se mira a grandes grupos de personas, aparecen juntas mucho más a menudo de lo que el azar explicaría.

¿Con qué frecuencia ocurren juntas?

  • Alrededor de 1 de cada 10 personas autistas tiene epilepsia, en comparación con menos de 1 de cada 100 personas en la población general.1
  • El riesgo es mayor en personas autistas que además tienen discapacidad intelectual: en un metaanálisis, cerca del 21% de ellas tenía epilepsia, frente a un 8% de quienes no la tenían.2
  • La epilepsia es proporcionalmente más frecuente en niñas y mujeres autistas que en niños y hombres autistas.1,2
  • La frecuencia aumenta con la edad, y la adolescencia es un período en que las crisis pueden aparecer por primera vez.1,4
  • En la dirección inversa, alrededor del 6% de las personas con epilepsia es autista, y la cifra es mucho mayor en algunos síndromes epilépticos de inicio temprano: cerca de 1 de cada 5 niños con espasmos infantiles y casi la mitad de quienes tienen síndrome de Dravet.3

¿Por qué ocurre?

No existe una única respuesta, y lo más probable es que distintas explicaciones apliquen a distintas personas. Estas son tres ideas principales, que no se excluyen entre sí.

1. Causas genéticas compartidas

Algunas condiciones genéticas aumentan a la vez el riesgo de autismo y de epilepsia. Ejemplos conocidos son el complejo esclerosis tuberosa, el síndrome de X frágil y el síndrome de Dravet. En estos casos, un mismo cambio en el desarrollo del cerebro puede dar origen a ambas condiciones, sin que una cause a la otra.3,4

2. El equilibrio entre excitación e inhibición

Como en un auto con acelerador y freno, los circuitos del cerebro dependen de un balance entre señales que activan a las neuronas (excitación) y señales que las calman (inhibición). Una hipótesis influyente propone que, en parte de las personas autistas, este balance se inclina ligeramente hacia la excitación durante el desarrollo. Ese mismo desequilibrio, si es suficientemente grande, es el que facilita las crisis epilépticas. Es importante decir que se trata de una hipótesis activamente investigada, no de un hecho establecido para todas las personas autistas.

3. El cloruro y el GABA durante el desarrollo

El GABA es el principal «freno» del cerebro, pero su efecto depende de la cantidad de cloruro dentro de las neuronas. En el cerebro inmaduro, las neuronas tienen mucho cloruro —porque una proteína llamada NKCC1 lo introduce y otra, KCC2, todavía no es capaz de sacarlo— y el GABA, en vez de frenar, excita. A medida que el cerebro madura, este balance se invierte y el GABA se transforma en un freno.5 Si ese cambio se retrasa o no se completa bien, los circuitos podrían quedar más excitables y con un desarrollo alterado: un escenario compatible tanto con el autismo como con la epilepsia.

En nuestro laboratorio estudiamos esta idea en un modelo animal basado en la exposición prenatal a ácido valproico. Usamos este modelo porque en personas se ha observado que la exposición a valproato durante el embarazo aumenta el riesgo de autismo en los hijos: en un gran estudio danés, el riesgo pasó de alrededor de 1,5% en la población general a cerca de 4,4% en niños expuestos.6

Importante: el valproato sigue siendo un medicamento muy eficaz para muchas personas con epilepsia. Si lo estás tomando, no lo suspendas por tu cuenta. Si estás embarazada o planeas estarlo, conversa con tu médico sobre las alternativas.

¿Existe un tratamiento que actúe sobre este mecanismo?

La idea del cloruro llevó a probar la bumetanida, un diurético que bloquea NKCC1, en niños y adolescentes autistas. Tras resultados alentadores en estudios pequeños, dos grandes ensayos clínicos internacionales (con más de 400 participantes en total) no encontraron diferencias entre la bumetanida y el placebo, y su desarrollo para el autismo fue discontinuado.7

Este resultado es un buen ejemplo de cómo funciona la ciencia: una hipótesis atractiva en el laboratorio debe ponerse a prueba cuidadosamente en personas, y a veces no se confirma. No significa que el mecanismo del cloruro sea irrelevante, sino que la relación entre ese mecanismo y la experiencia autista es más compleja de lo que se pensaba. Entender mejor esa complejidad es precisamente el objetivo de la investigación básica.

¿Qué significa esto para las familias?

Dado que la epilepsia es más frecuente en personas autistas, vale la pena conocer sus señales. Algunas crisis son sutiles —una mirada fija de pocos segundos, movimientos repetitivos inusuales, o episodios de desconexión— y pueden confundirse con conductas propias del autismo. También se ha descrito que, en algunos niños, una pérdida de habilidades ya adquiridas puede acompañarse de actividad eléctrica anormal en el cerebro, aunque su relación exacta sigue en discusión.4 Si notas algo que te preocupa, coméntalo con el equipo de salud: un electroencefalograma (EEG) puede ayudar a aclararlo.

Lo que investigamos

Nuestro trabajo busca entender, en modelos animales, cómo cambia la excitabilidad de las neuronas del hipocampo en el autismo y qué papel juega NKCC1 en la aparición de crisis. Puedes leer más en nuestra página de investigación en autismo, o explorar de forma interactiva algunas de estas ideas en nuestros simuladores.

Referencias

  1. Liu X, et al. Prevalence of epilepsy in autism spectrum disorders: a systematic review and meta-analysis. Autism. 2022;26(1):33–50. doi:10.1177/13623613211045029
  2. Amiet C, et al. Epilepsy in autism is associated with intellectual disability and gender: evidence from a meta-analysis. Biol Psychiatry. 2008;64(7):577–582. doi:10.1016/j.biopsych.2008.04.030
  3. Strasser L, Downes M, Kung J, Cross JH, De Haan M. Prevalence and risk factors for autism spectrum disorder in epilepsy: a systematic review and meta-analysis. Dev Med Child Neurol. 2018;60(1):19–29. doi:10.1111/dmcn.13598
  4. Tuchman R, Rapin I. Epilepsy in autism. Lancet Neurol. 2002;1(6):352–358. doi:10.1016/s1474-4422(02)00160-6
  5. Kaila K, Price TJ, Payne JA, Puskarjov M, Voipio J. Cation-chloride cotransporters in neuronal development, plasticity and disease. Nat Rev Neurosci. 2014;15(10):637–654. doi:10.1038/nrn3819
  6. Christensen J, et al. Prenatal valproate exposure and risk of autism spectrum disorders and childhood autism. JAMA. 2013;309(16):1696–1703. doi:10.1001/jama.2013.2270
  7. Fuentes J, et al. Bumetanide oral solution for the treatment of children and adolescents with autism spectrum disorder: results from two randomized phase III studies. Autism Res. 2023;16(10):2021–2034. doi:10.1002/aur.3005

Este texto tiene fines educativos y no reemplaza la evaluación de un profesional de la salud.